viernes, noviembre 24, 2006

Mi alma entera te daría.





Mi alma entera se hizo páramo.

Cayó sobre el río manso en sepia
de las gardenias muertas y la brisa
trémula del atardecer frío.

Cayó como caen los pies del abismo
y las ideas del catre deshecho
en los días sin el tiempo del hombre.

Como se repelen las plumas de los sueños
y los ojos de los sin mirada.
Cayó como desierto y sobre él un desamparo.

Y besó siendo yermo,

del carroñero un festín.


Como andando, nadando con vacío;

sin ideas ni extensión.
Sin peso, ni anchura,
ni como si hubiese sido.


Páramo, alma;
un brote nacido moribundo.


viernes, noviembre 17, 2006

Mala compañía del alma crepuscular.



Se está apagando la noche.

Alguien rasga el cielo, casi mudamente, sobre los ojos de la ciudad dormida.

Y los fantasmas lloran, mojando las sábanas, ahogando los silencios, urdiendo fines, royendo las ilusiones sin forma, ni peso, ni sentido.

Está entrando como un hilo de escarcha el frío por la rendija de los sueños, la espalda desnuda, los latidos muriéndose en la boca con desplante tierno, como de cadáver sin infiernos que sufrir.

Y aquí viene la sed de soledad; esa que no se traga, que no se acepta cuando está y se lleva los colores muertos. Esa que reniega de los amaneceres o los pinta con una gracia más triste y más pesada.

Aquí trae sus compases de trompeta, de fuego mudo y rasgos en distorsión. Aquí adivina los respiros que se funden en los segundos y en la desesperación de la oscuridad.

Aquí la soledad abruma y se resiste a la marcha de los huesos cansados.

Nos concede ceguera, nos hace de miedo.


miércoles, noviembre 15, 2006

"El futuro", de Cortázar.


EL FUTURO
Julio Cortázar

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado, ni en el gesto
de elegir el menú, ni en la sonrisa
que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,

ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.





Puede perderse todo y a partir de ese todo conformar otro nuevo.
Construir de las ruinas, reciclar lo que sirve y evaporar lo desechable.

Comenzar a ser esa doble memoria que puede herirnos o no.


lunes, noviembre 13, 2006

No dejes de ser quien eres.



"Cuando te sientas sola, grítale a la tarde.

Sé ira y sé un misterio que se oculte tras montañas.
Yo te seguiré y velaré por encontrar ese destierro que te abruma.
Te pintaré de tierra el cielo,
de escarcha los crepúsculos
y dejarás de ser bella como eras.

Serás sólo y apenas un retrato de la mano pálida
que intentó domar ese silencio de labios
y esa sinceridad de herida.

Sólo una melancolía y un rojo que se apaga,
como palabras que se sellan,
como muertes que no arden".



Atardecer en Santiago, 2006.

sábado, noviembre 11, 2006

..Si pudieras verme..

Pero mírame... y contempla cómo no nos secamos todavía.

Mira cómo se revienta mi soplido de angustia sobre tu piel erizada que pide abrigo y cómo una flor aún sobrevive en tu vientre de invierno transmundano. Observa cómo cortejo tus cabellos y los hago parte de mis labios. Cómo me hundo en tu boca y soy tu sonrisa, convirtiéndome en un cuadro imperfecto y bello sin otro margen más que la tarde roja.

Mira como te fundes en mis sueños... cómo me haces extrañar y me haces más humana, más viva, más queriendo ser tuya sin dejar de ser el alma pródiga que no vuelve a las emociones de un otoño melancólico.

Mira y siente con esto: mis suspiros surcan el aire de la noche y las luciérnagas marcan el camino hacia tu alma, queriendo que mis ojos descansen contigo y vean por primera vez la realidad hecha sueño... Como queriendo que tu luz sea el sol que me acabe y te acabe conmigo.


Siempre habría desvíos cuando el camino llegara a su fin y la soledad nos empujara hacia lo ignorado...

domingo, noviembre 05, 2006

"Los momentos"

(Los Momentos, de Eduardo Gatti)

Tu silueta va caminando
con el alma triste y dormida;
ya la aurora no es nada nuevo
pa' tus ojos grandes y pa' tu frente.

Ya el cielo y sus estrellas
se quedaron mudos, lejanos y muertos
pa' tu mente ajena.

Nos hablaron una vez cuando niños
cuando la vida se muestra entera;
'que el futuro, que cuando grandes',
ahí murieron ya los momentos,
sembraron así su semilla
y tuvimos miedo, temblamos
y en esto se nos fue la vida.

Cada uno aferrado a sus dioses
producto de toda una historia,
los modelan y los destruyen
y según eso ordenan sus vidas.


En frente les ponen monedas,
en sus largas manos les cuelgan
candados, letreros y rejas.



 Me gusta la canción por demostrar que muchas veces la cobardía de seguir palabras ajenas nos detienen a ir más lejos, a no creer que somos suficientes para modelar nuestras historias. A que pasamos la vida creyendo en los "tal vez", y que en eso nos morimos.

sábado, noviembre 04, 2006

Amar sin necesitar.

Enfrente de ti, todo; sobre mí, el mundo.

No quería llamarte y que sintieras como flaqueaban mis rodillas y las palabras sin noción que me hacían correr, caer sobre la arena, morirme sin resplandores bajo el agua. Sin piel, ni nombre, ni ese sentido que nos llenara las manos con soledad.

Necesitaba tanto tu amor cuando el silencio se aferraba al brillo de los inviernos muertos y el pesimismo florecía junto a la primavera. Tenía ese afán tan sincero de ti, ese anhelo acariciándote incluso en la penumbra del alba que no venía y del grito que no se marchaba del cuerpo.

Te necesitaba tanto, tanto como lo que no tuve de ti. Como los recuerdos que se agigantaban y alcanzaban mi pecho gritando que pedía aun más todavía.

Y pasaron las frías estaciones, las otras que no vi mordiendo las hojas y apretando los dientes esperando a que cesase la tormenta. Y al no tenerte aprendí a querer tu boca lógica y mis ojos tristes. A resignarme y espantar esa miseria que me entregabas de quien eras.






..Qué gusto que volviese tu voz de lluvia rodando por mis pies y mi respirar fuese más simple, aun cuando el mundo se desmoronara y el pétalo del otoño soplara los huesos del cadáver, ese mismo que te quiso sin necesitarte, ese mismo que nunca esperó estar junto a ti..