domingo, octubre 22, 2006

Madurar en el amor.





Porque me abrió una puerta, cerrándome muchas a su vez.
Porque sentí el amor desprendiéndome de la noción de las cosas, sentí el tacto del tiempo, el desinterés por la vida, toda vida que no fuera tuya. Ningún amor más que el tuyo, ningún sueño más que con tus alas.
Como dirían por allí: entre más alto vuelas más duro es el golpe al caer. Pero, ¿y si me hubiese resignado?
Si con mis alas podía alimentar el etéreo y del etéreo el mundo, los planetas, el universo entero, ¿cómo no ir más lejos y querer vivir sin ese 'pude haberlo hecho'?
¿Cómo no, si con esas palabras dolería menos la renuncia al fin y al cabo, porque se gozó del sentimiento entero y profundo y virgen? No mirar hacia arriba, sino amar mirando hacia abajo, aunque pudiésemos caer y vivir el abismo como realidad.
Y no, no me arrepiento de esa luz filtrada... y es tan simple como decir que yo la hice vivir, me vivió y al fin -por fin-, viví.


(Y hay que madurar sufriendo...y en ese dolor hacer la prueba dejando y no por eso dejándose...)

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