
De improviso el claustrofóbico silencio se rompió por una puerta.
Luego: ¿cuántas veces debíamos nadar entre la nada para emerger en un todo concreto?
¿cuántas veces debíamos volver, completar el ciclo y acumular tensiones como alimentando un nudo que va creciendo y mientras más se aprieta más nos ahoga?
Y luego ese nudo se deshace, pausadamente, como derritiendo al dolor. Pero quedan marcas que pueden ser y no ser para nosotros, y ese puede se vierte en los pasos que damos, sobre las sombras que vemos, o no queremos ver.
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