martes, octubre 31, 2006

..Por ti una vida..


Todo por lo que he vivido. Todo por lo que he muerto.
Lo que cierra lo dicho, el ciclo de nuestro sufrir y las pérgolas que aun se llevan el viento como enroscando esa compasiva ternura que dibujáramos antes..
Todo por ser quienes éramos. Por quienes no supimos seguir siendo.


lunes, octubre 30, 2006

Te quiero en 24 horas.

Te miro como jugando ser una sola mirada. Como haciendo el amor mirándote y con el amor ser ojos y ser la sutileza del juego. Te miro porque al mirarte me miro a mí misma y en esos ojos veo los míos, y en ese juego reconozco lo que tú eres mirándome, tomando la forma del amor y del nuestro como belleza.

Me despierto y te reflejo en mi reflejo: comienzo el ensueño de tenerte dentro como el milagro de sentir el amor besándonos los ojos de día y de esa noche lejana que dejamos huérfana. Esa que presuntuosa deslumbra los cuerpos sumidos en el futuro y en la frescura de un día más respirando amor.






[ Tu sonrisa son todos los colores ]

sábado, octubre 28, 2006

I need your lovin' like a sunshine.



¿Por qué huíste del resplandor?






¿Y por qué ahora no me dejas, simplemente a las orillas del nunca jamás?
¿Por qué juegas y revuelves las estabilidades que se reparten por los ojos?

Mira a tu alrededor: cambia tu corazón. Todos tenemos que aprender algún día.
Aprende a que todos sienten y que mi margen se estaba abriendo a quien tú eras. Mira de nuevo, conseguiste herirme con tu regreso. Conseguiste no enamorarme y aun así calar profundo y estúpido.

Y si vienes y preguntas por quien ha muerto, ¿serían las flores suficientes para que al dolor de tu sorpresa fuese eterna tu partida?
Mejor vete, márchate y corre del cementerio... querría llevarte si no lo haces.


miércoles, octubre 25, 2006

Apriétame la mano..




..Mi recuerdo te alcanzará cuando nada te consuele..









Aunque de la noche vengas y de ese aire digas que gritaste en mí el recuerdo, aunque sueños invadan lo que no existe; el viento, el susurro, la perla diáfana arrastrándose. Aunque caigas, aunque llores, aunque murmures la muerte y de la muerte al abismo, y sólo en ese suspiro me sientas respirándome como nunca jamás, apriétame la mano, aunque sea eso y sea nada, aunque no quieras mirar atrás y ver cómo la sed no nos sacia todavía.


domingo, octubre 22, 2006

Quiero ser en todo y por todo complemento de ti.

Cómo quisiera que de vez en cuando dejaras aquellos idiomas tan tuyos, pero que yo no comprendo.
¿Podrías hacerme sentir extrañada por el suspiro largo que resbala de la ausencia y no como un plan que te cobija cuando te hallas desnuda en medio de la infecunda noche?
Quisiera...que me tocaras con la necesidad que se acentúa cuando un pedazo de vida nos falta y que fueras como extraña eres, pero no me dejaras un muro inmenso cuando a tu isla llegas.
Ser uno en el amor y dos en la realidad que respiramos, para así dejar atrás la inseguridad que en nuestro absurdo abordamos.

Quisiera que en este latido vinieras...
¿Sentirías que el ocaso aun no degrada nuestros sueños...?



Las marcas del nudo.






De improviso el claustrofóbico silencio se rompió por una puerta.

Luego: ¿cuántas veces debíamos nadar entre la nada para emerger en un todo concreto?
¿cuántas veces debíamos volver, completar el ciclo y acumular tensiones como alimentando un nudo que va creciendo y mientras más se aprieta más nos ahoga?

Y luego ese nudo se deshace, pausadamente, como derritiendo al dolor. Pero quedan marcas que pueden ser y no ser para nosotros, y ese puede se vierte en los pasos que damos, sobre las sombras que vemos, o no queremos ver.





Madurar en el amor.





Porque me abrió una puerta, cerrándome muchas a su vez.
Porque sentí el amor desprendiéndome de la noción de las cosas, sentí el tacto del tiempo, el desinterés por la vida, toda vida que no fuera tuya. Ningún amor más que el tuyo, ningún sueño más que con tus alas.
Como dirían por allí: entre más alto vuelas más duro es el golpe al caer. Pero, ¿y si me hubiese resignado?
Si con mis alas podía alimentar el etéreo y del etéreo el mundo, los planetas, el universo entero, ¿cómo no ir más lejos y querer vivir sin ese 'pude haberlo hecho'?
¿Cómo no, si con esas palabras dolería menos la renuncia al fin y al cabo, porque se gozó del sentimiento entero y profundo y virgen? No mirar hacia arriba, sino amar mirando hacia abajo, aunque pudiésemos caer y vivir el abismo como realidad.
Y no, no me arrepiento de esa luz filtrada... y es tan simple como decir que yo la hice vivir, me vivió y al fin -por fin-, viví.


(Y hay que madurar sufriendo...y en ese dolor hacer la prueba dejando y no por eso dejándose...)

You never felt this way.





Hay personas que nacen con la tragedia en la sangre, me decía Némesis como queriendo manipular mi propia tragedia a una irremediable, como el estigma de Caín del que pensé ser una de sus víctimas tantas noches atrás; la víctima especial, única, muerta. Como todas.
Luego recordaba el sueño de la noche anterior: no podía expandirse, porque un bulto de mil pies bajo tierra subía por mi garganta crepitando, quedándose luego como una dulce incertidumbre rollendo el alma. Y quería explicar el por qué de toda esa magia opaca y a la vez clara dentro mí. Necesitaba explicarlo para no mantenerme semi cadáver sobre la almohada.
Fue entonces cuando comencé a rememorar años pasados, no por querer o sentir el impulso de hacerlo, sino porque simplemente la emoción que ahora viajaba lenta en mi interior me llevaba a una suerte de entendimiento con esos años. Y lo comprendí: ya había sentido ésto antes, como una rutina, como un sentimiento casi lógico, pero había existido. Y era lo que solía llamar estabilidad. Sin quejas, sin apremios de saciar la existencia o completar el vacío de otros.
Era respirar y emprender hacia lo que parecía obvio, lo sano, lo normal para mí (en ese entonces) y los que me rodeaban.
Y luego de nuevo el desasosiego punzando mi frente; ¿era bueno? ¿era realmente vivir el saber que haciendo lo que hacía tendría un futuro corriente, quizá más afortunado que algunos?
Y si lo era, ¿por qué dejarlo? Lo dejé porque el velo de otros perfumes me engatuzó para caminar descalza y sin miedos por otros caminos. O quizá fue gracias a mi personalidad impulsiva. Si no tomaba lo que tanto llamaba a gritos mi atención, me sentiría traicionada, apuñalándome.
Y una vez que tomé ese grito, que lo bebí y digerí en mi organismo hasta que penetrara en mí como una herida, la más dolorosa que nunca antes soñé, volví a evaporarme de esa humanidad que fui y que era para ser lo que soy. Para ser lo del principio.
Un ser estable, perfectamente domado para hinchar mis bolsillos de dinero y aprendizaje autómata en un par de años más.
¿Eso es lo que quiero? ¿es eso lo que todo ser en este universo desea...? ¿entonces de qué demonios me sirvió el haber llorado, el haber suicidado tanto de mí?
No. Para. Cierra los ojos. No porque los cierres el mundo desaparece. En la bolsa de dinero se continúan comprando acciones, el perro de la calle continúa mirando a la paloma que se cierne sobre el encumbrado de las tablas antes de que anochezca y los miles de microorganismos continúan reproduciéndose por miles de microsegundos en todos los lugares, inclusive aquellos que no vemos.

Alguna vez fui equilibrada a los ojos de todos, dejando aquello por curiosidad, vomitándolo después porque sólo me impulsaba a estancarme en el pantano. Y reanudé mi marcha desde el principio, siendo estable, segura, firme para enfrentar la monotonía. Pero esta vez hay una gran ventaja: sé qué quiero, y lo que menos quiero es no saber quién soy cuando lo común golpee a mi puerta.