Me rehúso al olvido. La hierba mala nunca muere, dicen, pero a veces entre las malezas puede crecer el más verde pasto, ese que con un poco de riego, volvería esplendorosamente. Trato de reconocerte, de distinguir si son solo lados de ti que no conocí o facetas que se han forjado a la distancia. Buenas, malas... Tuyas. Tengo ansias de hacer tantas cosas, de decirte otras. De recibir la mirada que merecí y la oportunidad de juicio y no sólo condena. No la tuve. ¿Tarde? No lo sé. Bien se sabe que la vida es deprisa... Certeza ninguna. Arrancada, barrida, fumigada. Así me sentí. Pero, déjame recordarte -pues sé que bien lo sabes-, no hay árbol que crezca derecho sin ayuda, sin apoyo, sin errores y sin desvíos. Sin embargo, son esos mismos caminos los que nos permiten aferrarnos a lo bueno. Perfección no pretendo lucir ni encontrar, no puedo vivir de utopías, pero sí de la disparidad, de las diferencias, de ese ''tú no, yo sí'' que hace todo más interesante. Quien no ha llorado o dañado que lance la primera piedra, pero no pretenda que el tirarla traerá libertad, pues siempre existirá el recuerdo tambaleante, la duda inquebrantable y, como en casi todo, la prevalencia de lo bueno. Pudiste haberte aferrado a las similitudes, contemplar mis derrotas como yo las tuyas en lugar de extirparme tan cruelmente, sin espacio para defensas, para razones, para empatías. Quiero creer que dentro de ti está la confidente aún y no solo rabia. Y si están ambas o solo una, también me gusta creer que sabrías hallarme, leerme y escucharme aún cuando no estoy, tanto así como para saber que nunca me he ido ni lo haría. Una vez oí que nuestras huellas no se borran de las vidas que tocamos. - Hoy más que nunca lo sé.
3 comentarios:
Hola, soy la Cony, quiero seguir el blog pero no puedi, cómo lo hago? jajaja Saludos
Ahora se puede, gracias por seguirme jaja (:
Me rehúso al olvido. La hierba mala nunca muere, dicen, pero a veces entre las malezas puede crecer el más verde pasto, ese que con un poco de riego, volvería esplendorosamente. Trato de reconocerte, de distinguir si son solo lados de ti que no conocí o facetas que se han forjado a la distancia. Buenas, malas... Tuyas. Tengo ansias de hacer tantas cosas, de decirte otras. De recibir la mirada que merecí y la oportunidad de juicio y no sólo condena. No la tuve. ¿Tarde? No lo sé. Bien se sabe que la vida es deprisa... Certeza ninguna.
Arrancada, barrida, fumigada. Así me sentí. Pero, déjame recordarte -pues sé que bien lo sabes-, no hay árbol que crezca derecho sin ayuda, sin apoyo, sin errores y sin desvíos. Sin embargo, son esos mismos caminos los que nos permiten aferrarnos a lo bueno. Perfección no pretendo lucir ni encontrar, no puedo vivir de utopías, pero sí de la disparidad, de las diferencias, de ese ''tú no, yo sí'' que hace todo más interesante. Quien no ha llorado o dañado que lance la primera piedra, pero no pretenda que el tirarla traerá libertad, pues siempre existirá el recuerdo tambaleante, la duda inquebrantable y, como en casi todo, la prevalencia de lo bueno. Pudiste haberte aferrado a las similitudes, contemplar mis derrotas como yo las tuyas en lugar de extirparme tan cruelmente, sin espacio para defensas, para razones, para empatías. Quiero creer que dentro de ti está la confidente aún y no solo rabia. Y si están ambas o solo una, también me gusta creer que sabrías hallarme, leerme y escucharme aún cuando no estoy, tanto así como para saber que nunca me he ido ni lo haría. Una vez oí que nuestras huellas no se borran de las vidas que tocamos. -
Hoy más que nunca lo sé.
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