viernes, noviembre 05, 2010


Pero en el fondo sé que nunca me recuperaré; que estas voces han logrado penetrar dentro porque me necesitan tanto como yo a ellas. Porque me han hecho y sin ellas desintegraría mi memoria, mis deseos, mi dolor recóndito e infantil. Anularía los años de vida que han sido muerte y amor por igual. ¿Qué sentido hay? ¿Qué razón existe para luchar contra esto? Las oigo como me oigo a mí misma: clara y brumosamente, en trance, en un sueño, como buscando la fuga de un laberinto que jamás, jamás, la ha tenido.

3 comentarios:

caoticaval dijo...

Hay que aprender a convivir con esas voces. A mí me pasa con caras que veo, que se me vienen a la mente.
Saludos desde La Perla del Sur =)

Golfo dijo...

Todos los yoes ahí. Unos flotando, otros perdidos.
La memoria como persecución en el laberinto de los recuerdos deformados por las tensiones del tiempo.
¿qué le pasa a todos que les dado por la memoria?
¿será el otoño?...
...pero si allí es primavera.
¡Salsa tártara!

Magdalena dijo...

Somos un constante evocar. Tú mismo evocaste al otoño pensando en la memoria, que es como la persistencia de un tiempo ¿mejor?.
No nos ha dado por la memoria, solo nos da por hablar de nosotros mismos.