viernes, agosto 07, 2009

Drogue dans le corps



Aun puedo ver ese único sol que encerró a mis ojos, el mismo que los quemó con su línea invisible y afilada de luz. Puedo sentirlo volver y abrasarme viva.
Puedo incluso saborear la tierra que cubrió a mis párpados y a mis brazos contagiados de agonía. Puedo ver el cielo y ser el cielo y enterrarme en el crepúsculo que jamás es luz.

Puedo distinguir a la distancia ese torbellino que gira en torno a la horca y que aplaude orgulloso al desdén del desnutrido mundo. Ese que alaba a la magnética pasarela de huesos y cuerpos putrefactos que sin saberse se sonreían a sí mismos, y entre ellos, y a mí.

Entonces lo percibo, otra vez. Como si el presente arrancara el pasado y lo hiciera tangible y constante, como una pesadilla que jamás se extinguió. Es el retornar de todas mis ruinas. Es el regreso de la droga que diluye mis colores y los expulsa hacia la profundidad del recuerdo.

Esa adicción moribunda de expulsar todo esmero, toda sincronía de los universos felices es la que vuelve, y desmorona.

Y es ahora, solo ahora, que recuerdo. Mi vicio era tu cuerpo, tu alma inabarcable, tu sangre drenada de las aguas muertas. Mi inagotable afición por fingir que no había otra cosa inmensa, insondable o incomprensible que lograra contraer mis pupilas. Y yo quería todo eso, en cualquier tiempo. Yo anhelaba escupir el escorbuto, la porfiria, el cólera del tiempo inmarcesible. Yo necesitaba viciarme con la miseria de estar unida a ti para salvarme; de ser para ti la única por quien tuvieras que recurrir a ser todo y nada y al mismo tiempo cualquiera.

"Yo quería todo eso", me repito, cerrando mis ojos como si el pasado no supiera volver, ni tocarme, o como si ese sol que me cubrió no existiera. Pero existe. Y me acecha, me consume, me pide auxilio. "Yo te quiero, te necesito, te perdono", confieso. Me ciegas, me iluminas. No importa que haya algo más allá, no importa que me sane, no importa que me haga feliz.
Eres el sol que encerró a mis ojos, eres el pasado que siempre sabe volver.

5 comentarios:

Rocío dijo...

¿Qué te digo?
Tentadora pregunta para comenzar a idear las palabras en este blog. Gracias por el comentario, yo también creo que soy/era/fui una anónima en tus blogs, sólo que sí dejé mi huella, hace mucho tiempo ya, pero ahí está (Ya no sé donde, en qué entrada) grabada en estos frágiles espacios que algún día por no se qué explosión o revolución se extiguirán (soy media apocalíptica con esto de internet, mejor el papel).
El punto es que me parecieron increíblementebienarticulados tus argumentos en mi blog (nah, una bromilla), pero en sí, creo que tienes razón, aunque quizá las palabras abiertas que a veces escribo hacen que las ideas se vayan por esos rincones donde la mente es la que manda. No sé si me doy a entender (tengo un gran problema con eso, requiero un tiempo considerable para darme explicarme), creo que bastarían mucho más que 200 entradas para que pudiera explicar mi problema con mi memoria y con el tiempo como invención.
Gracias por el saludo de cumpleaños :).

Áthurel Rimbaud dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Anónimo dijo...

jazz

Anónimo dijo...

ana y mia siempre son asi