sábado, octubre 31, 2009

Des/horas

Vives profundamente en las callejas perdidas, en el escape de mi mente para encontrarse con tu recuerdo. En los espacios llenos que anulan el aire. En el barrio de la gente que no es gente, sino sueños. En la inflexión de mi voz que pretende infundirse valor para no desmoronarse.

En la estación, en el tren, en el llanto discreto e invisible de cada noche, en la tarde, en la feria, en el cine, en la risa pelirroja, en las olas, en cada mirada que esquivo porque no es la tuya, en el laberinto, en el salto, en Cortázar, en la piel que es tu y mi piel.


Habitas en toda muerte que escribo. En cada verso que pretendo hacer vivir contigo.

viernes, octubre 16, 2009

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Del despojo al despojo,
pero a través de un grito bellísimo,
el dardo ciego roza la noche,
se hace hombre
y besa.

Leonardo Sanhueza.

viernes, agosto 07, 2009

Drogue dans le corps



Aun puedo ver ese único sol que encerró a mis ojos, el mismo que los quemó con su línea invisible y afilada de luz. Puedo sentirlo volver y abrasarme viva.
Puedo incluso saborear la tierra que cubrió a mis párpados y a mis brazos contagiados de agonía. Puedo ver el cielo y ser el cielo y enterrarme en el crepúsculo que jamás es luz.

Puedo distinguir a la distancia ese torbellino que gira en torno a la horca y que aplaude orgulloso al desdén del desnutrido mundo. Ese que alaba a la magnética pasarela de huesos y cuerpos putrefactos que sin saberse se sonreían a sí mismos, y entre ellos, y a mí.

Entonces lo percibo, otra vez. Como si el presente arrancara el pasado y lo hiciera tangible y constante, como una pesadilla que jamás se extinguió. Es el retornar de todas mis ruinas. Es el regreso de la droga que diluye mis colores y los expulsa hacia la profundidad del recuerdo.

Esa adicción moribunda de expulsar todo esmero, toda sincronía de los universos felices es la que vuelve, y desmorona.

Y es ahora, solo ahora, que recuerdo. Mi vicio era tu cuerpo, tu alma inabarcable, tu sangre drenada de las aguas muertas. Mi inagotable afición por fingir que no había otra cosa inmensa, insondable o incomprensible que lograra contraer mis pupilas. Y yo quería todo eso, en cualquier tiempo. Yo anhelaba escupir el escorbuto, la porfiria, el cólera del tiempo inmarcesible. Yo necesitaba viciarme con la miseria de estar unida a ti para salvarme; de ser para ti la única por quien tuvieras que recurrir a ser todo y nada y al mismo tiempo cualquiera.

"Yo quería todo eso", me repito, cerrando mis ojos como si el pasado no supiera volver, ni tocarme, o como si ese sol que me cubrió no existiera. Pero existe. Y me acecha, me consume, me pide auxilio. "Yo te quiero, te necesito, te perdono", confieso. Me ciegas, me iluminas. No importa que haya algo más allá, no importa que me sane, no importa que me haga feliz.
Eres el sol que encerró a mis ojos, eres el pasado que siempre sabe volver.

miércoles, mayo 06, 2009

Todas las hojas del otoño.

Y tu abrazo, sólo tu abrazo era el remedio. El milagro que lo curaba todo, que lo soportaba todo, que lo era todo. Cada una de las tristezas de la gente se amoldaba en tus brazos, en tu sangre, en tu corazón que contenía el recuerdo intacto de la humanidad.

Una tarde tuya era un día, una noche, un siglo floreciendo apaciblemente entre puñaladas de amor y personajes que siempre se desvanecen del tiempo y de la memoria.

Era tu presencia la estación inconclusa entre el ábrego y el estío, la bocanada de aire que se filtraba en mi vientre y me hacía comprender y sonreír, lamentar y llorar, olvidar y vivir. Y tu caricia el único amor que hacía crecer las heridas sin quemar, hasta disolverlas.
Me han hablado todas las hojas del otoño, las mismas que cayeron cuando la lluvia las sorprendió reuniéndose en la hojarasca.
Me han hablado los días estériles, los cielos descubiertos y las palabras que de ti conservo.
Reconocieron en mí tu voz.

miércoles, enero 14, 2009

Desmedido afán.

"(...) Hoy me es igual.
Traedme una hora que vivir
Traedme un amor pescado por la oreja
Y echadlo aquí a morir ante mis ojos (...)"
V. Huidobro, Altazor.






Sigues siendo tan igual. En tu mismo resplandor todavía habita ese temor acostumbrado, esas ganas de no saber, de no explicarse la pérdida, el naufragio, todo en ti. Tu cuerpo aun desviste la tarde que encendieron mis manos.
Aun articulas una mirada y en ella un mundo, un grito, una razón que no es razón.
Aun consigues ser el simulacro de un dolor que no cesa, ni arde.
Todavía abro los ojos y te llamo entre tantas voces que no conocen su silencio, esperando a que algo se acalle o desfallezca en el intento, o a que algún frío matutino alcance para helar mis huesos hasta contraerlos absolutamente, irremediablemente.
Todavía te veo cada mañana sonriéndome y alejándote en la nebulosa del no existir, de no ser más que en mi mente y en mi ausencia. Así te vas desvaneciendo, extinguiéndote como nadie, perdiéndote entre vagones y páramos que solo acrecientan la desolación.
No creces en ninguna parte; ningún eco alberga tu voz más que la hendidura de mi vientre.
Eres la noche, el día, la ilusión que vive en ningún cuerpo.

sábado, enero 10, 2009

Mundo de f r a g m e n t o s .



Es la primavera la que congela al invierno. Es ese hablar quedo cuando no hay calma, ese roce de tus manos, ese resplandor de tu boca haciendo sonreír al mundo lo que estremece las ruinas.
Es tu belleza lo que a todo atenua.Todo el ruido suave y remiso del gentío acabado en tus ojos, la destrucción de las arboledas en un gesto, la infinidad del tiempo sucedido en los espacios es lo que abarca la palabra cansada e impenetrable, como el interior.
Es esta memoria la que condena la existencia; el tiempo recobrado del llanto, de la caricia apagada, de la luz y el viento en una cinta de imposibles, donde cada paréntesis es una búsqueda futura, una asimilación para no olvidar, ni olvidarnos. Una música simultánea donde vivimos y rememoramos la fragilidad de nuestra libertad.
"Te quiero, te quise". Y todo suena a todavía. Un beso de ayer pudo ser hoy. Un quiebre de hoy pudo no haber sido.
Queda el espejo contrapuesto contra otro espejo; queda tu voz resonando en los fragmentos, valiéndose de mi aire.
Queda el inexorable recuerdo y mis pies descalzos recorriendo la época de la nieve florida.
Queda mi abrazo desmedido y tu mirada como la flor inmortal que nace.