
Todas las palabras son ecos adormecidos. Como una sombra a contraluz reflejada en mis ojos, quemando los hombros con la más aterradora exactitud.
Como el ayer por donde pasó el pasado, firmemente, sin más aspiración que volverse irreversible.
Todas las sonrisas son ademanes que ya murieron, que ya no vuelven hasta al menos esa incógnita del futuro.
Como yo misma que fui y que nací para serlo, con tal seguridad que al observar otro nombre encendido en mis huesos rompí a llorar por lo que sería. Por todos los sueños y todas las soledades, por cada éxodo hacia un olvido y por cada hombre y mujer que dentro de mi grito cabrían y cupieron.
Todas las nostalgias son imperecederas en el ayer, el hoy y el mañana. Como la edad que no acaba, pero sí lo agota todo.
Como el ayer por donde pasó el pasado, firmemente, sin más aspiración que volverse irreversible.
Todas las sonrisas son ademanes que ya murieron, que ya no vuelven hasta al menos esa incógnita del futuro.
Como yo misma que fui y que nací para serlo, con tal seguridad que al observar otro nombre encendido en mis huesos rompí a llorar por lo que sería. Por todos los sueños y todas las soledades, por cada éxodo hacia un olvido y por cada hombre y mujer que dentro de mi grito cabrían y cupieron.
Todas las nostalgias son imperecederas en el ayer, el hoy y el mañana. Como la edad que no acaba, pero sí lo agota todo.
Como todo el tiempo reunido en la tierra que somos y volveremos a ser, a la vez.
3 comentarios:
Claro que somos y claro que volveremos a ser.
Bienvenida de nuevo, Amélie, con el acento al revés.
Besos.
te pillè , Sötnes . :)
Imperecedera también es la vida que te corre por las venas.
Sé muy feliz en la Navidad, Amelie, con el acento al revés, y rodéate de las cosas que te son importantes.
Si hay que llorar, llora, pero no te olvides de reír cuando haya que reír.
Besos. Muchos.
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