
(sobre el hilo)
Lo estoy mirando, realmente veo como se desprende esa figura, como sale de un tiempo hasta el fin de otro. Y como roza con los labios el cristal y desciende sin más tacto que el del recuerdo al papel que se gasta de tanto pensamiento pensado y deshecho, pero jamás impreso en cinco letras.
Veo, realmente veo, como ese antídoto se transforma en intoxicación al espacio, como cae la copa y retumba, así, sin más peso que el alfiler pendiendo de la vena, al piso. Como la sábana se rasga y mancha las paredes, las que quiero ver en blanco y negro, para no morirme con el rojo y sin auxilio de mi alma viva.
Verdaderamente lo contemplo siendo una brisa mi única angustia; las maderas rechinan y crepitan al fuego de la tarde. ¡No quisiera saberlo y sin embargo lo apreto en mi garganta!
Un luto cubre los ojos del reflejo que observo, ése que espera, que se agranda y luego consume en la fangosidad de horas.
Veo volar las palomas desde el séptimo piso, como siempre esperando un resplandor que teja el renacer junto a otra vida. Y el espejo se quiebra, la amargura de esperar, la palabra adiós.
El viento empuja al espíritu, que se ve volando junto a las palomas...
