Sólo no te vistas de negro, amor,
no trates de enmudecer la ya epopeya del deseo.
Rompe las cadenas, teje destinos,
desarma la vil cofradía que intenta poner en mis ojos una venda
y en el corazón una herida sin sanación.
Sólo sé que puedes y
mirar la tierra con la mirada altiva
al igual que con la luna encantas tus amoríos.
Nadie, queriendo las escamas de mi cola,
podría desafiar las bondades del destino,
excepto tú,
tú, que con las manos heladas penetras en mis ánimos y
reinventas el color de mi vientre.
Sólo escúchame, que bien sabes que puede herirme
el silencio:
Amor, sólo apaga las luces esta noche
y dejarías de ser sólo sombra.
lunes, julio 24, 2006
Vestimenta cruda.
domingo, julio 23, 2006
Florecer en tu corazón.

Siempre quiero sentir la medianoche enroscando tu cariño y los sonidos de tibio murmullo acunando las estrellas que se disuelven en tus ojos. Querer los cambios de la luna y ver como el cauce del río bañado en horrores recorre tu cuerpo antes de entregarse al sueño.
Observarte de lejos, o de tan cerca que no supieses distinguir mi nombre susurrado en tus caderas.
Y señalar como juego osado o estratagema de seducción, las líneas de pálido secreto y éxtasis florecido en tus labios, hasta aprenderme de miel tu vientre, tu sexo, tu vida de resplandor oculto.
Besarte, ¡besarte hasta asimilar tus labios como el pedazo más dulce de mi espíritu!, y sentirte como desnuda traes locura y belleza perfumada en sombras y dolores de aguas pasadas, rendidas sobre el deseo que, esparcido entre las piernas, te llama, te pronuncia y extraña como alarido desesperado, sediento inconmensurable de ti.
Tomarte la vida -beber de tu regazo-, salvando de mi fobia a la elocuencia las letras que escriban nuestra propia realidad:
Y señalar como juego osado o estratagema de seducción, las líneas de pálido secreto y éxtasis florecido en tus labios, hasta aprenderme de miel tu vientre, tu sexo, tu vida de resplandor oculto.
Besarte, ¡besarte hasta asimilar tus labios como el pedazo más dulce de mi espíritu!, y sentirte como desnuda traes locura y belleza perfumada en sombras y dolores de aguas pasadas, rendidas sobre el deseo que, esparcido entre las piernas, te llama, te pronuncia y extraña como alarido desesperado, sediento inconmensurable de ti.
Tomarte la vida -beber de tu regazo-, salvando de mi fobia a la elocuencia las letras que escriban nuestra propia realidad:
..Mirar como se tienden las gotas de lluvia negra sobre los pastizales del campechano, sintiendo el alma confortada por el eterno abrazo de dos cuerpos.
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