Vives profundamente en las callejas perdidas, en el escape de mi mente para encontrarse con tu recuerdo. En los espacios llenos que anulan el aire. En el barrio de la gente que no es gente, sino sueños. En la inflexión de mi voz que pretende infundirse valor para no desmoronarse.
En la estación, en el tren, en el llanto discreto e invisible de cada noche, en la tarde, en la feria, en el cine, en la risa pelirroja, en las olas, en cada mirada que esquivo porque no es la tuya, en el laberinto, en el salto, en Cortázar, en la piel que es tu y mi piel.
Habitas en toda muerte que escribo. En cada verso que pretendo hacer vivir contigo.