
(con el tiempo)
Un día me perdería entre olvidos. Huiría de mi mente, de tu corazón y de la tierra separada del latido de las voces. En ese instante detendríamos los puertos y los silencios trepándose del aire. Allí quitaría el recuerdo por entero; suspendería el movimiento abismante de tus manos y abandonaría al mundo.
Llegaría una mañana donde despertaría susurrándote 'te he muerto', sin que lograras escuchar el caos, la destrucción, la desolación desde dentro. Un día donde desamparara sobre la sábana ese obsequio con la flecha que corta dos pedazos; esa que nubla la memoria, la que nos sana del vicio para cubrirnos de esperas y de vaporosos espacios, vacíos.
