
A Roads, de Postishead.
La sábana está rasgando mi garganta, ahogando palabras incrédulas en mis manos.
Afuera el aire se contrae y llega transparente a mis costillas, las deshace del polvo y retorna el espacio al cuerpo, a la vida, al corazón humano que cualquiera mezcla y oculta en un millón de abismos y barrancos pobres y malheridos.
La perilla de la puerta se eleva, se limpian ventanas y algo permite que entre el sol de noche, como rodeando los pies que desnudos yacen bajo un firmamento lleno de marcas que entrelazan errores y esperanzas al fin de la luz.
Vuelan papeles, revolviéndolo todo, la cama inerte que penetra en mis huesos mientras ignoro el teléfono, el ruidito que impertinente rompe el ciclo de verse en un reflejo.
Y tanteo a ciegas la boca, el vientre, las rodillas humeantes:
¿Cuánto importa mañana despertar con el disco rayando las persianas, hundiendo los ojos cansados tras la tormenta nocturna?
¿Cuánto importa que nadie pueda ver, a pesar de todo?
¿Cuánto importa la importancia de encontrar una manera?
¿Cuánto es estar vivo,
y no errar para contarlo?