Alguien está drenando este intento, ese sol de impulso.
Alguien me está hundiendo los ojos, los está arrancando de su centro.
Alguien me habla al oído, murmurando sobre esa pesadez pintada de nuca, de manos, de cintura algo polvorienta con la tierra desvaída de tanto creer.
Y me susurra acerca del crepúsculo, haciéndolo aun más radiante, casi como si no hiriera en esa ternura de sueño.

Alguien veo frente a mí sin poseer volumen ni libertad: una espalda roída con el filo de la palabra, un espejo que llora reflejando dos seres sin amaneceres, ni promesas.